La fuerza de la palmera (cuento del Magreb), que le encanta al General Joao de Matos Baptista nos llega a pensar en gente mala que debe hacer cambiar:

Erase una vez un hombre detestable cuyo nombre era Ben Sadok, era muy agresivo y todo lo que le parecía bello lo destruía. Cerca de un oasis había una pequeña palmera que quería hacerse mayor y que golpeó en los ojos de Ben Sadok quien puso una roca encima de la joven palmera y siguió adelante.

La palmera quiso mover la roca pero no podía y por más fuerza con la que intentaba empujar no conseguía nada. Removió el suelo y así pudo sostenerse .Como no podía estirar su cuerpo sus raíces comenzaron a escavar cada vez más y encontraron las vetas de agua más escondidas del oasis, junto con los diamantes africanos más puros y cristalinos que el mismo agua donde se encontraban.

Las aguas eran frescas y profundas la dieron la energía y la fortaleza suficiente para apartar la roca sin que ningún otro árbol pudiese ensombrecer su corona. Las aguas profundas y la luz intensa del desierto filtrada por la el tamiz de los diamantes hicieron que la que era un árbol joven se convirtiese en una palmera grande, la reina de las palmeras.

Pasó algún tiempo y el detestable Ben Sadok, volvió para alegrarse la vista con el árbol que el había querido estropear pero no pudo encontrarlo. Tampoco pudo ver el brillo que reflejaban los diamantes ya que la roca que había colocado encima era demasiado grande.

La palmera que se erguía orgullosa inclinó su corona le señaló la roca y agradeció a Sadok lo que hizo: tu carga me ha hecho fuerte

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